Este pirata ya ha hundido diez barcos balleneros

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  Capturado.

     

■ Capturado. Para unos es el hombre más valiente del planeta, y para otros un terrorista. Paul Watson, 58 años, se desligó de Greenpeace cuando empezó a hacer sus "fechorías" contra las flotas pesqueras bajo la organización Pastor del Mar. Chalés de lujo y laboratorios son los objetivos de otras bandas similares.

La lista de sus patrocinadores incluye al vocalista de los Rolling Stones, Mick Jagger, y a los actores Pierce Brosnan, Sean Penn, y Uma Thurman. Martin Sheen trabajó como voluntario de su organización, y le definió en una entrevista en el semanario The New Yorker como "uno de los tíos más valientes de este planeta". La revista Time, además, le ha situado en la lista de Héroes del Medio Ambiente del Siglo XX. Su nombre es Paul Watson, es canadiense y tiene 58 años. Y hasta la fecha ha hundido 10 barcos: dos españoles, dos islandeses, tres noruegos y tres sudafricanos. Todos ellos se dedicaban a una actividad: cazar ballenas, a veces violando los acuerdos firmados por los propios países cuyas banderas llevaban. Los sudafricanos eran, de hecho, barcos piratas.

Paul Watson también se ve a sí mismo como un pirata. Él es el responsable de todos esos hundimientos. Uno de los dos barcos que utiliza en esas acciones, el Farley Mowat, no lleva bandera de ningún país desde hace varios años. "Estáis en un barco pirata", dijo Watson a los demás tripulantes del navío cuando Belize, bajo unas intensas presiones económicas de Japón, lo borró de sus registros en 2006, aunque en realidad el navío pasó a quedar registrado en Holanda. Como la estética es importante, el Farley Mowatt sólo lleva como bandera una calavera con un tridente y un cayado de pastor cruzados sobre fondo negro. El cayado es algo más que una coincidencia: la organización creada y dirigida por Paul Watson se llama Pastor del Mar o Sea Shepherd.

Otros no ven a Watson como un héroe. Ni como un pirata. Le ven como un terrorista. Japón ha tratado sin éxito que Estados Unidos designe a Sea Shepherd como una organización terrorista. Watson ha pasado 80 días en la cárcel en Noruega. Uno de los miembros de Sea Shepherd, Rodney Coronado, que junto con su compañero Dave Howitt hundió los balleneros Hvalur-6 y Hvalur-7 y saboteó una estación ballenera en Islandia en ?986, describía en términos casi guerrilleros la acción en un artículo publicado por la revista No Compromise en 2005. "Nuestro objetivo era infiltrarnos en Islandia con el objetivo de causar el mayor sabotaje económico en su industria ballenera".

Responsable.

Responsable.

De hecho, las actividades de estos grupos tienen mucho de improvisación. Incendiar un laboratorio en el que se experimenta con animales no es complicado: basta con esperar a que los guardas de seguridad no estén cerca y arrojar uno o varios cócteles molotov. Para hundir el Hvalur-6 y el Hvalur-7 e inutilizar la estación ballenera, Coronado y Howitt sólo necesitaron unas tijeras para cortar acero, una llave inglesa y el dinero ahorrado tras un verano trabajando como camareros en Londres.

Era noviembre, la temporada ballenera había acabado y las instalaciones estaban vacías. Después de un par de semanas observando las medidas de seguridad –consistentes en un vigía que, provisto de una botella de vodka, supuestamente controlaba lo que pasaba en los barcos– decidieron inutilizar primero la estación ballenera, que no estaba vigilada, y luego los barcos que, además, estaban en Reikiavik, la capital de Islandia, donde está el único aeropuerto internacional de la isla, que ellos iban a utilizar para huir inmediatamente después del sabotaje. Todo se hizo en una noche. Coronado y Howitt entraron en la estación y usaron la llave inglesa para inutilizar los ordenadores y las tijeras para cortar los cables de las instalaciones en las que la grasa de las ballenas se convertía en aceite para misiles. Abrieron las puertas de las cámaras frigoríficas para que la carne almacenada se perdiera y salieron de la instalación.

Empapados en grasa de ballena y calados hasta los huesos por una tormenta de lluvia helada, los dos subieron a su coche para ir al puerto de Reikiavik, donde estaban atracados los barcos. El problema es que en noviembre no sólo se ha terminado la temporada ballenera, sino que es casi invierno. El viaje de 45 minutos hasta el puerto fue una pesadilla, con el coche patinando sobre placas de hielo, hasta que los dos activistas llegaron a su destino. Entonces, Coronado y Howitt simplemente saltaron a los barcos desde el muelle y abrieron las válvulas de refrigeración de los motores, que dejan que entre una cierta cantidad de agua del mar en las máquinas. A continuación, rompieron otras válvulas que impiden que esa agua inunde el resto del buque.

 Ecoterrorismo.

Ecoterrorismo.

 

En media hora, los dos barcos estaban en el fondo del puerto y Howitt y Coronado rumbo al aeropuerto, donde tomaron un avión con destino a Luxemburgo. Con la excepción de un coche de policía que les hizo una prueba de alcoholemia –en la que dieron negativo– su acción pasó completamente desapercibida para las autoridades hasta el día siguiente. Sea Shepherd es el grupo ecologista violento más famoso del mundo. Y el mejor organizado. Watson siempre ha dejado claro que su objetivo es defender el medio ambiente, aunque en el proceso mueran seres humanos. De hecho, Watson opina que, si hay bajas que no sean de ballenas, focas o tortugas marinas, son daños colaterales que hay que aceptar. Aunque en la historia de esta organización aún no hay que lamentar ninguna desgracia personal. Ésa es la razón por la que hace tres décadas fue expulsado de la organización que había fundado: Greenpeace. Y las dos organizaciones siguen sin cooperar. Pero Paul Watson no está solo. Hay muchos más como él. Coronado está en la cárcel de Florence, en Arizona, EEUU. Fue condenado a un año y un día de prisión en marzo pasado, por una conferencia que había dado en 2003 en San Diego (California), en la que, a instancias de un miembro de la audiencia, explicó cómo se fa- brica una bomba incendiaria. Las explicaciones de Coronado no habrían tenido mayor consecuencia de no haber sido porque un día antes un bloque de apartamentos había sido destruido por un incendio premeditado en la ciudad. Aunque no murió nadie, las pérdidas ascendieron a 35 millones de euros.

Junto al bloque destruido en San Diego, alguien había pintado en una pared tres letras: ELF. Es un término que significa "elfo" en inglés, pero también las siglas del Earth Liberation Front, es decir, el Frente de Liberación de la Tierra. El ELF es una organización anarquista y ecologista sin una estructura definida, de la que Coronado se había declarado "portavoz". Watson ha afirmado en varias ocasiones que Sea Shepherd es "la Marina del ELF".

Sea Shepherd y el ELF son parte de una creciente nebulosa de grupos anarcoecologistas que defienden el uso de la violencia para defender el medio ambiente. La clave de su filosofía es el llamado "biocentrismo": cuando el medio ambiente y el desarrollo entran en colisión, deben ser las personas quienes cedan.

Estas ideologías no son nuevas. En 1973, el francés Jean-Yves Domalain publicaba el libro Yo fui traficante de animales salvajes, en el que relataba sus vivencias como exportador de especies protegidas en Laos, y cómo la muerte de unos de los osos que tenía en su zoo particular de Vientiane le transformó en un ecologista radical, capaz de tratar de envenenar a sus ex competidores, no para quedarse con sus negocios, sino para "saldar la enorme deuda que tengo con los animales". La visión del mundo de Domalain quedaba resumida en una frase del libro: "El hombre es una estructura aberrante, un error de la naturaleza".

Dos años después, el escritor estadounidense Edward Abbey publicaba La banda de la llave inglesa (The Monkey Wrench Gang), una novela que constituye una de las Biblias del ecosabotaje, en la que describe cómo un grupo de activistas viaja por el suroeste de Estados Unidos destruyendo infraestructuras. Y Abbey introduce en la novela suficientes datos como para dar algunas pautas útiles a quien esté interesado en conocer los fundamentos técnicos del arte del sabotaje. El desarrollo económico ha dado a estos grupos una herramienta con la que no soñaba Abbey: Internet. Gracias a la Red, los diferentes grupos anarcoterroristas tienen revistas como No Compromise, en las que intercambian ideas y experiencias. Igual que los fundamentalistas islámicos, los fundamentalistas ecologistas son individuos aislados, que forman grupos de acuerdo a las circunstancias y que no necesitan una organización estructurada para funcionar.

Ken Nichols.

Ken Nichols.

 

Sentencias duras. Pero hoy en día, y sobre todo en EEUU, estos grupos también son objeto de controversia por la reacción que están teniendo las autoridades hacia ellos. Sentencias como la de Coronado, o la de Eric McDavid, que el mes pasado fue condenado a 19 años y siete meses de cárcel por planear atentados contra infraestructuras eléctricas y de telefonía en California, han desatado una tremenda polémica en EEUU. Porque, ¿estamos ante una explosión de grupos radicales que verdaderamente pueden convertirse en un peligro público, o las autoridades están simplemente exagerando el problema?

Hay datos que avalan las dos tesis. Por un lado, no deja de ser surrealista que en marzo de 200?, apenas seis meses antes de los atentados del 11-S, el FBI declarara al ELF uno de los grupos terroristas más peligrosos de EEUU, a pesar de que esa organización todavía no se ha cobrado la vida de nadie.

Pero, al mismo tiempo, no es menos cierto que algunos de estos grupúsculos son extremadamente violentos. Algunas de sus técnicas no han provocado muertos de milagro. Ése es el caso del llamado spiking, una práctica consistente en clavar piezas metálicas en árboles que van a ser talados. Cuando la motosierra entra en contacto con el metal, salta fuera de control, como bien sabe George Alexander, que en mayo de 1987 estuvo a punto de ser decapitado cuando se puso a serrar un árbol en el que habían clavado un trozo de metal. Muchos opinan que la tendencia de estas organizaciones a atacar chalés de lujo y laboratorios en los que se llevan a cabo experimentos genéticos y con animales va a acabar provocando algún día una tragedia y va a convertir al ecoterrorismo en algo más que un movimiento marginal de cuatro chiflados.

 

[Fuente: elmundo.es]

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